El pito de carnaval artesano que triunfa en el Falla

[caption id="" align="alignnone" width="644"] Adrián Méndez, el joven artesano de Castilblanco de los Arroyos / Juan Carlos Romero[/caption]
Adrián Méndez, un joven en paro de Castilblanco de los Arroyos, logró eludir la crisis montando un taller que nutre a muchas agrupaciones del Carnaval en Andalucía


En una pequeña nave de aperos cedida por un amigo en la urbanización Las Minas de Castilblanco de los Arroyos Adrián Méndez ha invertido horas y horas de su tiempo. Si la crisis le apartó de su trabajo hace años, y pudo de alguna manera nublar sus expectativas laborales, también es cierto que le descubrió una gran vocación como artesano, de la que ha sabido hacer gala y con la que ha logrado fusionar dos de sus debilidades: su afición al carnaval, y su condición de «manitas »: la manufactura de pitos de carnaval.


Desde el improvisado taller de este joven artesano sevillano han salido gambas, ladrillos, lápices, coches locos, cucharas, bombillas, mecheros, y un largo recital de objetos con un mismo denominador común: son pitos de carnaval. Su sonido los delata.«Mi sueño es dedicarme a esto», asegura mientras da los últimos retoques a unos encargos que primero llegaron de sus amigos y conocidos y, con el boca a boca, de todas partes de Andalucía.


Confeccionar cada una de estas minúsculas obras artesanas -compuestas por al menos cuatro piezas lleva tiempo y sobre todo maña para convertir cualquier cosa que podamos imaginar en ese instrumento característico de la fiesta que estos días no deja a nadie indiferente en los teatros de pueblos y ciudades, y tampoco en la cuna del carnaval andaluz: el Gran Teatro Falla.


Hace cinco años en Cádiz


Precisamente en Cádiz fue donde hace cinco años empezaba esta historia. Adrián, el segundo de los tres hijos de la familia Méndez Lozano, vio a un artesano vender pitos de carnaval y se interesó por el precio. Observó con detenimiento aquéllas creaciones y se fue cabizbajo: estaba en el paro y no le alcanzaba en su cartera para hacerse con uno de ellos.


De regreso a casa con sus amigos llevaba una gran idea que en los momentos más críticos de la crisis, que hoy trabajando recuerda algo más tranquilo, llegaría a ser su única fuente de ingresos y aporte fundamental para su familia: hacer los pitos él mismo.


Entre las bambalinas del teatro gaditano, sus creaciones no faltan desde 2011, cuando llegaron por primera vez de la mano de una chirigota de Castilblanco, «El porqué de cada qué», un sueño que ha reeditado hasta la fecha. En sus ratos libres, y desde el pasado mes de octubre, el joven se ha afanado para idear los pitos de hasta cinco agrupaciones.


El entierro de la sardina que cierra los carnavales no pone fin a su temporada alta de encargos. «Los familiares y amigos de los integrantes de las agrupaciones, o algunos aficionados que se fijan en los pitos me hacen encargos para tenerlos de recuerdo» afirma este artista, sin despegar la vista de la segueta con la que corta las piezas del panel, «y en otras muchas ocasiones me los piden para regalarlos, de manera que no faltan los encargos durante todo el año».


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