El oficio de vestir a los santos

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El diseñador de moda Eloy Enamorado viste a la Virgen de los Dolores para el encuentro con los fieles en Burguillos


En el imaginario popular "quedarse para vestir santos" habla de la suerte de una persona a la hora de encontrar pareja. En las hermandades de Sevilla -la ciudad que viene marcando el canon para vestir a la virgen desde hace siglos- y en sus pueblos, la cita adquiere su más noble y prestigioso significado gracias a una legión de ‘invisibles’ que se ocupa de vestir a nuestras imágenes en los templos para el encuentro con su feligresía.


La labor del vestidor va obteniendo reconocimiento entre la ciudadanía, pero está alejada de la mirada de los devotos, del objetivo de la cámara, de la saeta o de la plegaria que estos días llenan las calles de nuestros pueblos. Su desempeño deriva de la confianza que la hermandad deposita en estas personas, por lo general devotos, de su formación o experiencia, de su creatividad y del buen hacer al llevar las tendencias del arte sacro a las advocaciones.


En Burguillos, el diseñador de moda Eloy Enamorado, ganador del certamen de jóvenes talentos ‘We Love Flamenco’ en 2014, y autor de dos colecciones de moda flamenca, asume a sus 25 años una labor complementaria a la de crear trajes de boda o de gala para sus clientes: vestir a la Virgen de los Dolores de su pueblo. Con sumo detenimiento, fija cada detalle con alfileres, y empieza esbozando "el rostrillo" o tocado que rodea la cara de la imagen y el pecherín con tisú o encajes, de arriba a abajo. Coloca la saya, las mangas, y finalmente cubre la talla con el manto, fija otros elementos como fajín, broches u otras joyas, y hace los últimos ajustes sobre el conjunto, en un proceso que puede extenderse por más de cuatro horas.


Asesorado por la priostría de la hermandad para atender a la advocación y a los tiempos del calendario litúrgico al ataviarla, "el vestidor debe tener carta libre para realizar su función", explica Enamorado, que tiene como referente a la hora de vestir a esta virgen para su procesión en la noche del Viernes de Dolores a uno de los más prestigiosos en este ‘oficio’, Antonio Bejarano y, aunque persigue la naturalidad, reconoce que para las salidas procesionales "se suelen lucir los atavíos de mayor valor, en función del patrimonio que atesore cada corporación".


Desde finales del XVIII, explica el historiador Jesús Romanov, la manera de vestir a la Virgen en Sevilla fue evolucionando dejando atrás los cánones castellanos. La Esperanza Macarena sería de las primeras en aparecer en antiguos grabados con una pequeña mantilla que rodeaba su cara y cubría ligeramente el pecho. En los años veinte del siglo pasado, Juan Manuel Rodríguez Ojeda se inspira en la obra pictórica de Murillo para recrear un nuevo estilo al que aportarían otros afamados vestidores como José Pecio, de la Esperanza de Triana, o José de Caro, de la Virgen del Rosario de Monte-Sión.


Símbolos


"Cada Virgen suele tener una serie de símbolos que les son característicos, en muchas ocasiones son donaciones de los devotos", cuenta Eloy Enamorado, "y luego quieren ver a la Virgen con esa prenda o ese broche de su familia".


No en vano, al calor del arte sacro desde hace siglos se mantienen nobles oficios como la alta costura, la orfebrería o la imaginería, y algunos elementos que lucen las vírgenes tienen una historia propia tras de sí, y gozan del reconocimiento popular, como las cinco azucenas que luce la Virgen Macarena, donadas en 1913 por el torero Joselito ‘El Gallo’, conocidas como ‘mariquillas’’.


El ‘oficio’ de vestir santos no está pagado en el caso de este joven, que lo hace por devoción a la Virgen de los Dolores, para contribuir a una incipiente Semana Santa local, aunque afirma que los vestidores más prestigiosos "reciben donativos" de las hermandades.

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