Escardiel: la capilla sixtina de la Sierra Morena de Sevilla

El artista ha ideado una iconografía para representar las bienaventuranzas

El pintor sevillano Miguel Ángel González recrea pasajes bíblicos y populares en la cúpula de la ermita de Escardiel de Castilblanco de los Arroyos con unos frescos con discurso propio que sorprenden al peregrino.


A cinco kilómetros de Castilblanco de los Arroyos recibe culto una de las advocaciones más antiguas que se veneran en la provincia de Sevilla. Al costado de la antigua Vía de la Plata, en tiempos de la reconquista se levanta una ermita consagrada al culto mariano cuna de obras de arte escasamente reconocidas y de una devoción con nombre propio: Escardiel. La historia pesa sobre el santuario con sus avatares: el terremoto de Lisboa echó abajo sus techos y buena parte de la estructura, fue saqueado por las tropas napoleónicas.

Estas paredes rebosan alegría cada segundo fin de semana de septiembre con motivo de la romería en honor de la Virgen de Escardiel, y atesoran desde 1677 al primer crucificado documentado del insigne escultor utrerano Francisco Antonio Ruiz Gijón; el Cristo de los Vaqueros. Desde el año pasado, la nave del presbiterio aguarda al peregrino con un discurso propio donde confluyen pasajes bíblicos con momentos de exaltación de la religiosidad popular de Castilblanco: como la "venida" de la Virgen al pueblo, cada cinco años, el rezo del rosario con el Simpecado, o la salida procesional por la ermita.

El pintor sevillano Miguel Ángel González, con la confianza del hermano mayor, Juan Lobo, es el artífice de estos frescos. Desde el centro de la cúpula, donde se representa el dogma de la Asunción, el artista liga lo celestial, lo divino y lo terrenal. "Saber que mi trabajo va a estar cada vez que los devotos vengan y le lloren, le canten, le supliquen pesa muchísimo", relata el pintor. Antes de poner sus pinceles sobre la pared, rehabilitó la cúpula y los muros, deteriorados por la humedad.


Capilla mariana


Al ser una capilla mariana, Miguel Ángel González apuesta por la figura de la mujer e idea por primera vez una iconografía para encarnar las ocho bienaventuranzas. ¿Y cómo enlazar en un mismo espacio la alegría de un advocación gloriosa como Escardiel con la pasión de Cristo, en la imagen del Crucificado de los Vaqueros que se venera junto al altar mayor?

El artista rehuye del Calvario en esta parte de la ermita para centrarse en un pasaje menos representado: el regreso de las mujeres desde el monte Gólgota tras la crucifixión, que se adivina al fondo. El conjunto, culminado el año pasado, lo cierran imágenes de San Benito y de la Virgen de Gracia, patrones de Castilblanco.

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