Honores a Guaditoca en la Sierra Morena



Son once kilómetros los que distan desde Guadalcanal al santuario donde se venera a la patrona, la Virgen de Guaditoca. Un paseo que evoca los sentidos en el corazón de la Sierra Morena sevillana, y que los devotos de esta advocación centenaria hacen dos veces al año.


Aún resuenan los ecos de la romería de abril, que tuvo lugar el pasado sábado para acompañar a la Virgen ataviada con galas de pastora hasta el convento del Espíritu Santo. La aparición de la lluvia en la jornada del domingo legó momentos extraordinarios a la procesión que habría de llevarla hasta la parroquia de la Asunción, que se vio interrumpida por la lluvia a medio camino. La imagen de Guaditoca quedó entonces resguardada en el interior de su casa hermandad, donde permaneció hasta que la comitiva se organizó nuevamente y retomó la marcha ya en la tarde del lunes.


Sones del Cristo del Amor


Los aguaceros intermitentes dejarían estampas para la historia y una anécdota que tuvo como protagonistas a los músicos de la banda de cornetas y tambores del Cristo del Amor de Guadalcanal, que se prestaron a sustituir a la banda de Guaditoca para guiar con sus sones a la patrona, vestida de reina. En la parroquia aguardará hasta la celebración de la romería de septiembre donde como marca la tradición retorna entre el clamor de los fieles al camarín del altar de su ermita.


En los últimos tres años, la nave del presbiterio de este santuario estuvo huérfana de uno de los elementos más llamativos: el retablo mayor. De línea purista y clásica, con columnas acanaladas, capiteles barrocos y tablas pictóricas de mediados del siglo XVII, el retablo está siendo intervenido en estos momentos en el taller del restaurador Jorge Anillo, en Alcalá del Río.


Los vecinos se afanan desde 2012 para traerlo de vuelta al lugar para el que fue concebido con donativos e iniciativas a las que se ha unido también el Ayuntamiento que preside Jesús Manuel Martínez, que dona la recaudación de la venta de un dvd sobre la Semana Santa local a la rehabilitación de esta joya, similar por su hechura a otras como el retablo mayor de la Iglesia de la Oliva de Lebrija o el retablo de San Juan Evangelista del monasterio de Santa Paula de Sevilla.


Acontecimiento inédito


Los trabajos de restauración avanzan lentamente y se llevan a cabo en tres fases. La primera deparó una sorpresa: al momento de fijar la policromía del retablo, que se desprendía por su mal estado, el restaurador determinó que se conserva la policromía original de la obra. La segunda fase entraña especial dificultad y se lleva a cabo en estos momentos en el taller, al centrarse en la consolidación estructural de las partes, la reposición de las piezas y los elementos faltantes, y la reintegración de la policromía y dorado, antes de aplicar un tratamiento para garantizar su conservación. La última fase es la más vistosa: supondrá la reposición de piezas desaparecidas y el montaje de nuevo en la nave del presbiterio, descubriendo a los devotos la altura original del conjunto y un zócalo que ha permanecido siglos bajo tierra.


La retirada del retablo fue un acontecimiento inédito y ha dejado a la Virgen desprovista de este elemento del siglo XVII. En los archivos documentales sólo consta una reforma del camarín en 1718 que cambió el aspecto del retablo y supuso la eliminación del cuerpo central, lo que trajo consigo añadidos «como el sagrario o el manifestador que preside el Niño Jesús», detalla Jorge Anillo a ABC Provincia, «siguiendo modas de cada época y arreglos poco rigurosos» que rompieron la armonía del conjunto.

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