La Vía de la Plata recupera la figura del hospitalero en Sevilla

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Miles de personas caminan a lo largo del año desde Sevilla a Compostela por la Vía de la Plata en la mayor peregrinación que discurre por la península ibérica: el Camino de Santiago. Gozan de la hospitalidad que dispensa una figura histórica recuperada en la provincia de Sevilla para velar por peregrinos y albergues.



Cada día miles de personas dan forma a la mayor peregrinación que discurre en España: el Camino de Santiago. En su discurrir por la Vía de la Plata, de Sevilla a Compostela, esta ruta que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad,  emerge una figura tan antigua como escasamente conocida: la del hospitalero que vela por los caminantes y los albergues.

Como ocurriera en 1999 con la apertura del primer albergue de la Vía de la Plata en Andalucía, en Castilblanco de los Arroyos fueron pioneros también en garantizar la hospitalidad al caminante con la recuperación, desde el año 2013, de la figura del hospitalero.  A la par que el caminante, el hospitalero inicia su servicio al alba para despedir a unos e iniciar la ceremonia de bienvenida al que llega. "Hay momentos que tenemos que hacer de paños de lágrimas, pues a pesar de que en la mayoría de las ocasiones lo nieguen, o lo neguemos mejor dicho, el camino se hace porque en lo más profundo de nuestro interior hay algo que nos mueve a hacerlo" cuenta Tony, uno de los hospitaleros, que sirven por períodos de quince días.
Una meta alcanzable

A esta peregrinación se lanzan por una noción más espiritual que festiva o religiosa. El Camino de Santiago no es una romería y el fin en pocas ocasiones está en llegar hasta la imagen del santo de Compostela, sino en el camino mismo. Solos, por parejas o incluso en grupos, narran los hospitaleros, se aborda este desafío.

En contra de lo que se pueda imaginar, un perfil del peregrino muy repetido es el de una persona de entre 50 y 70 años. De complexión atlética, de mente inquieta y con un nivel socio-cultural alto.  A la hora de servir,  la edad tampoco es un impedimento. "El trato con los peregrinos me reconforta y me da vida", dice el hospitalero Manuel Fuentes a sus 79 años, "por eso mientras tenga fuerzas seguiré haciéndolo".

La holandesa Maria Suzanna observó en sus primeras horas por el pueblo que hay muchos bares y una sola biblioteca. "En Andalucía es normal" acierta a decir.  Esta profesora jubilada natural de Middelburg, atendió a la llamada de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, encargada de gestionar el servicio de hospitaleros de los albergues. Tras hacer el camino en varias ocasiones, decidió hace años junto a su marido ponerse al otro  lado de la experiencia y propinar su hospitalidad desde un albergue en Cerro Muriano, Córdoba, en el Camino Mozárabe que viene de Málaga y de Granada, y que atraviesa Córdoba para confluir en Mérida con la Vía de la Plata.

En este contexto de dificultades,  el hospitalero Manuel Ortíz, de Montellano, sostiene que Santiago es una meta alcanzable para muchas personas. "Algunos se preguntan por el peso de la mochila, y no imaginan el peso que  nos quitamos de encima cuando nos la echamos al hombro". A sus 70 años, extrae valores del cristianismo aunque es crítico con los dogmas y cultos: "Yo veo a Dios en la naturaleza y en  la libertad, y cuando entro en una iglesia lo pierdo".

Silente o bullicioso, caro o barato, en el tránsito todo dependerá de la voluntad de uno mismo. Los albergues no son caros, se sostienen normalmente con donativos.  El de Castilblanco, en la tercera etapa de esta ruta, lo decoran postales a gran tamaño del pueblo: no hay elementos o símbolos religiosos en este espacio público. Tiene los útiles fundamentales para cocinar, asearse y descansar. Si el huésped precisa servicios extras deberá buscarlos en otro espacio diferente y alojarse en casas rurales u hoteles que, como hace siglos, tienen al calor de esta ruta un seguro de vida.
Citado por Cervantes

Cervantes, cuando era recaudador de impuestos de la Corona, glosaba la hospitalidad de esta villa  "a cinco leguas de la ciudad de Sevilla" en su novela ejemplar "Las dos doncellas". Y fijó "en uno de los muchos mesones que había", como punto de partida para su narración. Pero la relación del pueblo con la Vía de la Plata se pierde en el tiempo.

Al filo de la segunda mitad del siglo XIII, Garci Pérez de Vargas con las tropas de los reyes de Castilla monta su campamento junto a esta arteria, en la zona de "Fashcardiel". Al prodigarse esta comunicación entre el Norte y el Sur conquistado, se erige una ermita para la oración de los cristianos, que daría lugar a la advocación de la Virgen de Escardiel.

 

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Comentarios

  1. Es una pena el abandono del Camino por parte de los responsables de muchos de sus tramos de la provincia de Sevilla. Son penosos los kms de Sevilla a Guillena, sin sombra, sin agua, con el obstaculo casi perenne (suavizado por unos voluntarios) de Arroyomolinos. Muchas comunidades españolas han entendido que El Camino de Santiago no solo es un recurso cultural, sino un escaparate al mundo y una fuente de entrada de dinero, pero........Sevilla es diferente

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