Piloto vende su casa y se hipoteca para levantar una pista de vuelo en Sevilla


Juan Antonio Fernández, piloto y amante de la aviación nacido en el Real de la Jara, hace su sueño realidad en Alcalá del Río


A los cuarenta años Juan Antonio Fernández, de El Real de la Jara, decidió embarcarse en la gran aventura de su vida para dar forma a un proyecto en el que había soñado desde joven. Después de 25 años sobrevolando el mundo, se propuso dar un paso más allá creando una pista de vuelo y más tarde una escuela en la que dar a conocer las hazañas de la aviación española y formar a aficionados y a nuevos pilotos de ultraligero.


El camino para crear el campo de vuelo en Alcalá del Río no estuvo exento de dificultades. «Tuve que vender mi casa e hipotecarme para invertirlo todo en levantar la pista de vuelo» rememora desde la sede de la escuela de pilotos del aeroclub Ilipa Magna, situada junto a la carretera A-8013 que une Alcalá del Río con Burguillos, en la salida que conduce hasta la pedanía de San Ignacio del Viar.


En su propósito, contó con el permiso más importante, el de su familia, «para vender mi casa y lanzarme a esta aventura que, aunque no es para tirar cohetes porque no deja mucho dinero, me ha permitido hacer lo que me gusta», explica, y saca pecho. «Contamos con una escuela de formación de pilotos de ultraligero de las mejores de Sevilla, la que forma a más alumnos, aunque no estemos en el mejor momento por la situación económica», dice a ABC Provincia.


No en vano, tras vender su casa este padre de tres hijos se instaló junto a su pareja en las instalaciones de un incipiente campo de vuelo que entre 2003 y 2004 empezaba a tomar forma. En estas instalaciones vivió seis años, guardián de los aviones, «sin agua corriente, sin energía eléctrica y sin muchas comodidades», comenta.


El aeroclub Ilipa Magna cuenta con cerca de una treinta aviones ultraligero que en muchos casos comparten los pilotos del club. «A la gente le puede gustar mucho volar pero hay otras prioridades, por eso algunos vendieron sus aviones, y la salida más habitual en estos momentos es tener aviones por grupos», detalla desde un campo de vuelo que reúne a casi medio centenar de pilotos de manera habitual que surten de actividad a lo largo de todo el año unas pistas de las que solo hay dos en la provincia, en Mairena del Alcor y en Guillena.


La localización para albergar el campo de vuelo fue otra cuestión que debió sortear, debido a los requerimientos burocráticos.«Debía ser una finca que se ajustase a mi presupuesto, con fácil acceso por carretera y que cumpliese las exigencias legales, por ejemplo en la orientación de la pista al sentido de los vientos predominantes». Y destaca que España es un país «con una historia de la aviación muy importante»,donde sin embargo «pesan las pegas burocráticas a la hora de alzar el vuelo con respecto a países vecinos como Portugal o Francia».


El desafío de Fernández se centra ahora «promover que la gente vuele», dando a conocer el mundo de la aviación y poniéndo énfasis en que volar en ultraligero «es algo seguro». En esto se ha afanado junto al instructor de la escuela, Moisés López, desde que recibieran a los primeros aficionados para instruirles como pilotos de ultraligero.


En once años miles de personas han sobrevolado Andalucía desde el sueño hecho realidad de Juan Antonio Fernández, y no hubo que lamentar accidentes reseñables. El ultraligero, sostiene, «es de las naves más seguras que vuelan, y de su mantenimiento pueden encargarse los propios dueños». Es también un avión económico, «ya que los motores operan con gasolina de automoción», por lo que una hora de vuelo «está al alcance de todos los bolsillos»,concluye.

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