100 años de Los Rosales en un documental histórico

La población fundada hace 100 años narra en un documental los hitos colectivos en torno al ferrocarril, la azucarera y el sector frotícola en La Vega del Guadalquivir


El ferrocarril que conectaba Portugal con España, una vieja fábrica azucarera como símbolo de una etapa de esplendor ya superada, y la producción de cítricos y frutales son las señas de identidad que han marcado al núcleo de población de Los Rosales. Este núcleo de población cumple los primeros 100 años desde su fundación en La Vega del Guadalquivir y los celebra con la implicación de sus casi 5.000 habitantes en un proyecto colectivo: contar su historia en un documental que presentan el próximo 31 de julio.


Las cámaras se han colado en los últimos meses a las viviendas para rescatar la relación de las personas con su entorno, pasajes del ayer y de hoy contados por sus protagonistas. Más de 60 vecinos destacados en diversas áreas y los 500 escolares del centro de educación infantil y primaria Menéndez Pidal entretejen una narración coral dirigida por el técnico Blas Sánchez en un proyecto auspiciado por el Ayuntamiento. Este amante de la historia se topó con un aviso público de la compañía ferroviaria Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA) por el que la estación "Tocina-Empalme" pasaba a convertirse desde el primero de agosto de 1914 en Tocina-Los Rosales.


El cambio de nombre dispuesto por la compañía a este nodo ferroviario que conectaba España y Portugal supuso la fundación del poblado que habitaban cuatro o cinco familias. "Mis nanas eran el silbato de los trenes que pasaban" relata Rafael Benítez desde el hogar donde se crió, al costado de la vía férrea Córdoba-Sevilla.


La industria azucarera ocupa un lugar central en el audiovisual. Fue un revulsivo para el desarrollo económico de este núcleo situado a 1,7 kilómetros de Tocina, con el que comparte nombre, término municipal y Ayuntamiento. En el año 1926 se levanta una gran fábrica azucarera que propició que el poblado pasase de 100 a 3.000 habitantes en un lapso de 20 años.


La vida de Miguel Rodrigo y la de sus antepasados estuvo ligada a esta industria hasta el cierre de la fábrica en 1986. Llegaron de Granada donde cultivaban la caña de azúcar y luego la remolacha desde los primeros años de 1900. Otros granadinos encontraron sustento aquí cuando la construcción del canal de riego permitió diversificar los cultivos en esta tierra de secano y apostar por el regadío. Estos moradores levantaron unas viviendas precarias sin abastecimiento de agua potable ni alcantarillado, con pozos ciegos en los patios.


El vecino de 90 años
De la Sierra Morena sevillana llegó Manuel Gómez para trabajar en el campo y echó raíces. Es uno de los vecinos más veteranos de la barriada de Las Arenas y a sus 90 años se lleva apenas 10 de diferencia con el pueblo que habita. Estos días escribe sus memorias y rescata algunos pasajes para el documental, consciente de que este trabajo les unirá aún más.


Los capítulos, con la introducción de una de las vecinas más jóvenes, llegan también a los lugares más recónditos como El Pino y el Cerrado de Miura, dos cortijos donde María "La ditera" vendía ropa "a dita" apuntando en su libreta encargos y deudas de los vecinos que trabajaban en ellos y terminarían viviendo en Los Rosales.


La labor que asumió el sacerdote Ulpiano Pacho, tampoco pasa desapercibida en este audiovisual. Y es que la iglesia levantada en honor a la Virgen de Fátima en 1958 fue el nexo de unión de los barrios diseminados que emergían al calor de la azucarera. El propio sacerdote recuerda cómo se acercó a los problemas de aquellos primeros pobladores, lo que contribuyó en la formación de la identidad colectiva.

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