Adiós a una sala emblema del cine de Castilblanco

SierraNorte-Castilblanco-Cine-jcromero Una multinacional proyecta su nuevo supermercado sobre la sala de verano del cine Cervantes, en Castilblanco

La monumental pantalla del antiguo cine Cervantes sobresale en el callejero de Castilblanco desde 1961, cuando Eduardo Velázquez y Manuel Romero toman el relevo a los empresarios Francisco y Antonio Lazo para modernizar las salas de cine y sustituir la vieja pantalla de cañizo por una panorámica hecha con ladrillos de fábrica.


Este espacio en la confluencia de las calles Bécquer y Virgen de Gracia sumaba ya en los años sesenta dos décadas de reclamos publicitarios y de carteles en torno al séptimo arte, gracias a Gregorio Tirado, promotor en 1942 de su apertura con el nombre de Cine Andalucía. La construcción de un establecimiento comercial proyectado en el solar del viejo cine por una multinacional, cierra una etapa de proyecciones de cine en Castilblanco que arrancó al aire libre en los años treinta. El corral de "Los venaíto" en la antigua Calle Real acogió los primeros pases a instancias de Antonio Raigada, que encenderían la chispa para las décadas posteriores.


El auge del cine en la posguerra propició la aparición de los empresarios del sector. Dos cines pugnan hasta finales de los setenta por llenar sus salas en un pueblo serrano que apenas alcanzaba los 4.000 habitantes. Desde los cuarenta, la familia Acuña apuesta en la calle Fontanillas por el Cine Español, que después llevarían a la carretera y operaría el empresario recientemente fallecido José Ramón López, mientras Gregorio Tirado abre el Cine Andalucía, germen del Cine Cervantes, y fue pionero creando una sala de invierno en la Plaza de la Iglesia.


En el bar El Tubo puede admirarse hoy la fisonomía de aquel espacio donde hasta 1978 se proyectaron las cintas que trasladaron a los vecinos historias y localizaciones insólitas para la época como el mar, el folclore mexicano, la selva, el desierto o la gran urbe. Los cortes en estas salas eran continuos, "tanto como las críticas a los operadores", rememora Eduardo Velázquez, "motivadas por pequeños conatos de incendio de los químicos para generar energía, por la rotura de los filmes que llegaban en malas condiciones, o para dar tiempo al ambigú y servir una gaseosa o una copa de aguardiente".


Desde los 11 años Mercedes Lazo fue taquillera del cine Andalucía, que regentaban sus tíos. "La noche de la romería de San Benito no sabía dónde íbamos a meter a tanta gente", relata, "porque además de los vecinos de Castilblanco pasaban muchos peregrinos para la ermita y hacían su parada para disfrutar del cine que era el único entretenimiento y gustaba muchísimo". Este "lleno absoluto" se traducía en una menor calidad de las películas, "dado que los mejores títulos los reservaban para atraer la atención el resto del año", explica a ABC Provincia el cinéfilo Salvador Palomo.


"Alto voltaje"


Las innovaciones no llegan hasta 1959 cuando Velázquez se hace con el control del Andalucía y pasa a llamarse Cine Cervantes. El "alto voltaje" sustituye a los desfasados e inflamables sistemas de generación de energía, "la pava de mercurio", para proyectar los filmes.


"Con una nueva máquina Supersond se acaban los traslados de máquinas desde la sala de invierno a la de verano, pusimos altavoces eléctricos frente a los de membrana con sus molestos chasquidos, y las viejas sillas de enea con un sinfín de puntillas y remiendos por los avatares de la humedad o las altas temperaturas dieron paso a butacas metálicas con reposabrazos que llegaron desde Jódar", detalla Velázquez a sus 84 años.


La emblemática sala echó el cierre en 1989. No obstante, hasta 2013 abrió como terraza de verano y acogió ciclos de cine por iniciativa municipal. "Hoy los cines están en los móviles", zanja el operador Eduardo Velázquez que en 1982 contrajo matrimonio con Mercedes Lazo, afianzando así una relación fraguada al calor del séptimo arte.


El teatro municipal Miguel Fisac sirve desde 2003 para proyectar películas. Sus 320 butacas heredan el legado de unas salas que décadas atrás fueron el negocio de varias familias.

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