Miles de almas junto a la Divina Pastora de Cantillana

[caption id="attachment_3870" align="alignnone" width="1200"]Las muestras de fervor a la Divina Pastora de Cantillana en la calle Martín Rey / Juan Carlos Romero Las muestras de fervor a la Divina Pastora de Cantillana en la calle Martín Rey / Juan Carlos Romero[/caption]

Dianas musicales y salvas de cohetes anuncian la procesión de Cantillana que discurre por unas calles engalanadas entre las muestras de fervor a la Divina Pastora



No ha dormido Cantillana en la madrugada que anuncia la festividad de la Virgen. Al alba del 8 de septiembre despuntan las salvas de cohetes y las dianas musicales con bandas de los pueblos de la comarca en honor a la Divina Pastora de Almas, que a las diez procesiona por unas calles decoradas con arcos de papel, cintas, banderas y luces entre el fervor de miles de devotos llegados de toda Andalucía para vivenciar la procesión de una de las advocaciones marianas con más solera de la provincia de Sevilla que hunde sus raíces en 1720, cuando se instaura en la localidad por inspiración de fray Isidoro de Sevilla.


La madrugada estuvo marcada por el rezo de un rosario público con el Simpecado de esta coporación gloriosa seguido por centenares de mujeres ataviadas de mantilla que marcaron con la cera de sus velas la senda que unas horas más tarde bendice la sagrada imagen de la Virgen en su procesión triunfal. El rosario contó con la banda de cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder de Brenes y con la asociación filarmónica Santa María de las Nieves de Olivares. La banda olivareña celebra esta noche su veinticinco aniversario acompañando la procesión a las plantas de la Divina Pastora.


La tradición marca que sean dos mujeres que hayan contraído matrimonio en el último año las que porten simbólicamente el Simpecado en su discurrir durante el rezo del rosario. Un privilegio que representan sosteniendo las borlas del emblema pastoreño y que en esta noche de vísperas recayó en las cantillaneras Pastora María Daza y María Dolores Farfán.


Con los sones de la banda de la Soledad de La Algaba, amanece el pueblo preparado con una misa temprana a las ocho y media en la parroquia. La función principal tiene lugar a las once oficiada por el párroco Antonio Guerra, y es preludio a la bajada de la imagen de la Divina Pastora del risco desde el que ha presidido los cultos en su honor —un altar efímero y campero con lentisco, romero y álamo que los pastoreños levantan desde el siglo XVIII en la capilla mayor de la parroquia— para su traslado al paso procesional.


A las diez de la noche el paso de la Divina Pastora de Almas, iluminado por luz eléctrica en sus candelabros desde 1919, inicia la procesión portado por los hermanos costaleros. La fragancia de los nardos embarga a la feligresía. La delantera del paso atesora una pequeña capilla con la imagen de la Virgen de Aguas Santas, patrona de Villaverde del Río, que al mismo tiempo realiza su procesión gloriosa por las calles del pueblo vecino.


Las muestras de fervor y de júbilo se producen a cada paso. Manos alzadas de los pastoreños entre vivas y plegarias, y coloridos abanicos que buscan dar aire a los fieles que acompañan a la Divina Pastora en una singular comitiva que avanza muy lentamente, como si no quisiera llegar al momento de la recogida, entre profusas petaladas, sueltas de palomas y salvas de cohetes.


A medianoche, la calle Martín Rey aguarda sin iluminación la aparición de la Virgen para cumplir con el rito de despojarla de su sombrero bajo la gran cúpula instalada en el centro. El padre Álvaro Román es el encargado de subir al paso para protagonizar un instante apoteósico que llena de entusiasmo a los pastoreños desde la década de 1920. Una función de fuegos artificiales, petaladas rojas y blancas, el canto de la salve y el himno a la Divina Pastora presentan una nueva estampa con la Virgen sin sombrero por una calle emblemática que enciende desde entonces las luces de sus arcos para mayor brillo de la procesión. La Cuesta del Reloj vibra horas más tarde, al alba del nueve de septiembre todo habrá terminado.

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