Dos crucificados de Ruiz Gijón en la capilla del Cachorro

El Cristo de los Vaqueros de Escardiel es el primer crucificado documentado de Francisco Ruiz Gijón / J. C. R.


El Cristo de los Vaqueros de la ermita de Escardiel de Castilblanco de los Arroyos es el primer crucificado de Francisco Ruíz Gijón. En 1997 los hermanos Cruz de Solís analizaron la imagen en la capilla de El Cachorro, donde permaneció una jornada junto al Cristo de la Expiración





En Pasión en Sevilla



Los hermanos Cruz de Solís restauraban a Nuestro Padre Jesús de las Penas de la hermandad de la Estrella cuando Julián León, en ese tiempo hermano mayor de la hermandad de Escardiel de Castilblanco, con la complicidad de su amigo Paco Osorno, su par durante esos años en la hermandad de El Cachorro de Triana, se propuso que los prestigiosos profesionales de las Bellas Artes -conocedores de la obra del imaginero Ruiz Gijón-  analizasen al Cristo de los Vaqueros.


La talla había sido localizada y recuperada sólo unos meses antes para los castilblanqueños. La junta de Gobierno accedió a trasladar al Crucificado a la capilla de El Cachorro, donde se dispuso sobre una mesa de la sacristía,  y los Cruz de Solís se desplazaron para confirmar una premisa que intuían: aquel crucificado había salido de las mismas manos que concibieron al Cristo de la Expiración, a El Cachorro. Dos obras hermanas, dos crucificados de Gijón frente a frente en Triana.


El de los Vaqueros es la imagen de un cristo herido, que se presenta en la madera encarnada, macerada en la dehesa, con restos de su primitiva policromía. Es un cristo muerto, libre de artificios. Su valía permaneció oculta durante décadas entre repintes y añadidos ajenos a su concepción primitiva. Varias manos de pintura, los ojos tintados y abiertos sobre sus originales párpados cerrados. Y un vagar sin rumbo de un lugar a otro desde su «extravío» de la ermita de Castilblanco entre los años 1950 y 1965, un período en que la cofradía de Escardiel permaneció sin actividad.


Entre los destinos por los que transitó la imagen fuera de su comunidad parroquial tras su desaparición de Castilblanco destaca un taller, el de las escuelas de oficio de Cazalla de la Sierra, o  la iglesia de San Lucas Evangelista de la barriada sevillana de Santa Aurelia. En dicho templo se venera actualmente una réplica de la imagen castilblanqueña, que el pasado mes de marzo de 2015 salió en devoto Vía Crucis por el barrio, en un rezo organizado por el grupo parroquial María Santísima de la Caridad.


El estudio de los hermanos Cruz de Solís supuso un espaldarazo para posibilitar la restauración de la talla original. La intervención se lleva a cabo en el año 1997 en la sede del IAPH de la Isla de la Cartuja. Cinta y Eva, bajo la dirección de Pedro Castillo, fueron las encargadas de devolver al crucificado al aspecto en que lo ideó su escultor. La imagen conserva parcialmente la policromía originaria. Los expertos observan «un característico rostro de acusado rasgo lineal, nariz recta, ojos almendrados y pómulos salientes; el cabello está trabajado de forma coincidente a base de largos y finos gubiazos».


En Cabildo extraordinario, la hermandad de Escardiel decidió dejar al crucificado de los Vaqueros con los trazos y la policromía primitiva, en lugar de repolicromar la talla para su reposición al culto. De esta manera, el Cristo impone con su presencia a cuantos se postran a sus plantas en el Crucero de la ermita.


El Cristo de los Vaqueros / J. C. R.


El crucificado de Escardiel es el primero que se documenta del utrerano Francisco Antonio Ruiz Gijón (1653-1721). La autoría la constata el contrato para hacer un crucificado en 1677, quizá debido al deterioro del antiguo crucificado –que se cita en inventarios de 1656-  de esta ermita mariana erigida al costado de la Vía de la Plata.


Los hermanos Juan y Félix Lobo, inmersos en la búsqueda de documentos por un pleito de la propiedad de la ermita en los años noventa, encontraron el contrato entre la cofradía de Escardiel y Ruiz Gijón. En los archivos documentales estaban las claves al misterio. El imaginero tuvo su taller en la segunda mitad del siglo XVII en Castilblanco, donde talló numerosas obras tanto de imaginería como de retablística.



Imágenes desaparecidas


La relación del utrerano con este pueblo se remonta al 17 de enero de 1674. De dicha fecha data el contrato para la ejecución de unas andas talladas en madera de cedro para la Cofradía Sacramental de la Parroquia. Los documentos prueban también que el imaginero legó otras imágenes y enseres para diversas cofradías, como las andas que se encargan para la Virgen de Escardiel, en 1676, que lamentablemente no han llegado a nuestros días.


Seis años después, el 9 de junio de 1680, firma el contrato para la hechura de otras dos imágenes. La del Buen y Mal Ladrón de la Cofradía de la Soledad. Debían ser en pasta de papel salvo en sus articulaciones, que estarían talladas en madera. Las particularidades del pedido se debían a que las tallas eran parte de la representación del descendimiento del Señor, durante los Santos Oficios en la Semana de Pasión.


Estas dos imágenes, que no se conservan, formaban parte, a un lado y al otro de Jesús Nazareno, de la ceremonia paralitúrgica del Sermón del Descendimiento que esta hermandad conserva todavía hoy, y lleva a cabo desde su fundación con la primitiva imagen de Cristo Yacente, de autoría anónima.


En el siglo XVII el crucificado de la ermita de Escardiel es titular de la cofradía, que aparece en el catastro de Ensenada, de 1760, como cofradía del Cristo de los Vaqueros y Nuestra Señora de Escardiel. Una titularidad de la que goza hasta el año 1816.


Coincidiendo con los cultos en honor a la Virgen de Escardiel del año 1996, el Cristo de los Vaqueros de Ruiz Gijón fue presentado en la Parroquia del Divino Salvador por primera vez en la historia reciente. La imagen había sido recuperada por la hermandad y volvía al pueblo para el que había sido concebida. Luego, fue trasladada al crucero de hecho con ladrillo de fábrica situado en la nave del presbiterio de la ermita de Escardiel, donde recibió culto desde su hechura en 1677 y donde recibe culto en la actualidad.


Al paso de la comitiva por las calles del pueblo camino de la dehesa de Escardiel en la Sierra Morena de Sevilla  la gente mayor daba voces al Cristo de los Vaqueros. Pedían que parase en su puerta.  «Ponía los vellos de punta», rememora Julián León,  «porque la gente mayor del pueblo le tiene mucha devoción al Cristo de los Vaqueros, y dicen que es muy milagroso».



El Niño Jesús, la última atribución


Con motivo de la celebración del Año de la Fe proclamado por el papa emérito Benedicto XVI en la Iglesia Católica, la imagen del Crucificado de los Vaqueros fue trasladada desde la dehesa donde se encuentra la ermita hasta la iglesia de Castilblanco. En la capilla de Escardiel del templo parroquial, los expertos del IAPH pudieron comprobar que casi veinte años después de la intervención la imagen sigue en óptimas condiciones.


La última visita de los profesionales del IAPH al templo castilblanqueño en 2013 con motivo del Vía Crucis que por la celebración del Año de la Fe se rezó con la imagen del Cristo de los Vaqueros, deparaba una última sorpresa que estrecha aún más los lazos del insigne imaginero de Utrera con esta villa de la Sierra Morena de Sevilla y arroja luz sobre lo que de su imaginería ha llegado a nuestros tiempos. Los profesionales de patrimonio coincidieron en atribuir la imagen del Niño Jesús de la Iglesia castilblanqueña, sita entre el altar de la Hermandad de la Soledad y el del patrón, San Benito Abad, a la gubia de Ruiz Gijón.


El paso del crucificado de los Vaqueros por la Iglesia del Divino Salvador hace dos años sirvió así para dejar en la ingenua mirada del Niño Jesús el recuerdo que invita a la oración en el nombre de Escardiel, con una imagen salida de la misma gubia que la que se venera en la dehesa serrana.


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