Teatro, protesta y vida a los 74 años

La vida de Josephine Benítez se bifurca por cuantos personajes e historias ha transitado. Hija de andaluces emigrados, nació en Tánger en 1942 y ha vivido entre Marruecos, Suiza y Francia buscando el equilibrio entre su perfil profesional como intérprete y su comprometida pasión por las artes.


A sus 74 años , sigue entregada a su "sincero" deseo de transmitir con el poder seductor de las palabras y con la sensibilidad de las artes (la música, la pintura, el teatro, la escritura) desde Castilblanco de los Arroyos, donde llegó hace doce años buscando el encuentro con sus raíces andaluzas.


"El teatro me ha permitido transmitir cosas que en condiciones normales dirían que estoy loca y en escena puedo hacerlo a través de un personaje", cuenta Benítez a ABC Provincia."Es una escuela que te forma y te muestra hasta dónde se puede llegar con todo lo bueno y lo malo de las personas", abunda esta mujer que se maneja con soltura por aplicaciones como Whatsapp y viaja cuanto puede para seguir conociendo y superándose.


A los 21 años contrae matrimonio con un francés y se traslada a París, donde se forma en el Intituto Británico y en la Universidad Sorbonne, y empieza a trabajar para el Instituto Francés del Petróleo. De niña organizaba teatro junto a sus compañeras de clase en el liceo, y de mayor se emplea dando forma a un programa cultural y artístico que ofrecía a ejecutivos del petróleo para que estrecharan lazos con los que hacer negocios.


En la obra de teatro "Antígona" interpreta su primer papel, el de una mujer que se rebela a la imposición. Dice que se correspondía con su carácter, y lo interpreta con más de treinta años, en un momento en el que interrumpe su trabajo para cuidar de su hijo. Entonces se codea con artistas de la talla de Elísabeth y Gerard Depardieu, curtiéndose como actriz, una faceta que tuvo que dejar de lado por la negativa de su marido a que abordase nuevos papeles y desafíos.


Dando un giro de tuerca a su vida, llega a Castilblanco, donde residía su hermana Isabel, la atleta más veterana de la provincia, y se entrega ahora sí a los grupos de teatro bajo la batuta de numerosos profesores y directores, como José Manuel Mudarra. Hace de las artes una vía de integración con la comunidad local. "Puedo bailar lo que quiera porque tengo ritmo y hacer mi propia coreografía, y no pasa nada si no es un baile exacto", explica con el inteligente sentido del humor con el que ha cautivado a quiénes la reconocen y admiran en Castilblanco y en localidades como Burguillos, donde también ha hecho teatro durante tres años.


"En el arte lo que importa es lo que transmites, y puedes hacer algo bonito a la vista pero me gusta lo humano, y lo humano no es perfecto", confiesa entre bambalinas, porque "somos asimétricos, caóticos, y las personas estamos abiertas a transmitir desde lo que cada una es".


En sus manifestaciones artísticas la protesta por las desigualdades y la defensa de la igualdad de sexos ha sido una ambición que la han guiado. En París vivió de cerca el movimiento del mayo de 1968, y ese espíritu de rebeldía le impregnó una huella que sigue estando presente en su quehacer. Quizá por esa lucha contra la "perfección", en la vida y en las artes, y contra la imagen estereotipada que se tiene por ejemplo de la mujer, se ha atrevido a echar abajo los tópicos y a alzar su voz, crítica y comprometida, por las libertades.


De ahí su aporte a la comunidad local, participando en iniciativas populares desde asociaciones como "Digo y Hago", donde promovió junto al desaparecido artista local Antonio Neira, que se impartiese un taller de pintura para las socias. "La gentileza y amistad de la gente me ha llegado al corazón", relata emocionada esta sevillana de adopción, "y siento que también pertenezco a este pueblo que me ha permitido concretar y desarrollar mis sueños artísticos y humanos".


Ahora, dice, "el tiempo cuenta doble" y se ha visto forzada a rechazar algunos papeles que le ofrecieron jóvenes autores en cortometrajes. Pugna por seguir creando, por eso se afana en dar vida a través de la escritura a nuevos personajes, situaciones e historias. Escribe relatos y monólogos, y algunos de ellos han llegado ya a la escena.

Comentarios