Los últimos picapedreros de Gerena dan nuevo lustre al granito


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Recuperan esta figura de las históricas canteras que dieron esplendor al pueblo para usar de nuevo  los adoquines de granito que retiran de las calles


JUAN CARLOS ROMERO / PERIODISTA


Las calles de Gerena están tapizadas por el granito de las canteras que desde el tiempo de los romanos fueron el motor de la economía de esta población del Corredor de la Plata de donde se extrajo la piedra para espacios emblemáticos de Andalucía como Itálica en Santiponce, la catedral de Sevilla o la Alameda de Hércules. El consistorio se ha propuesto ahora recuperar una figura de la cantera, la del picapedrero, para que esa alfombra mineral que lleva a gala Gerena luzca en las nuevas obras con renovado brillo y no se pierda entre las personas más jóvenes que nacieron cuando la actividad en las canteras era ya parte de la historia de su pueblo.


Juan Antonio y Francisco Álvarez son dos hermanos que vienen de una saga de picapedreros y en los últimos meses se afanaron en limpiar y recortar los adoquines que los operarios municipales retiraron de las calles para volverlos a utilizar. De esta manera tendrán nuevos usos en el adoquinado de calles como La Era donde el granito retorna como los canteros. "Hablamos con el alcalde para advertirle que nuestro oficio estaba perdiéndose, en peligro de extinción como el lobo o el lince", cuenta Francisco a ABC Provincia, que a sus 48 años se mantiene como profesional de la piedra.


"Este es un oficio que hay que mamarlo desde chico y que iba pasando de padres a hijos", relata el canterano hijo de Francisco Álvarez padre, ya fallecido, con quien cogió por vez primera la macheta. "Mi padre vivió toda la vida como picapedrero y somos la última familia que se mantiene con este oficio" relata el picapedrero, que recuerda el tiempo en que la cantera empleaba a todos en casa. "Mi hermano mayor, Antonio, cortaba la piedra grande, yo las piezas más pequeñas, y el menor, Juan Manuel, las perfilaba para dejarlas terminadas", abunda.


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La labor en la cantera estaba ligada a la de los palmeros, otro oficio ya desaparecido. "Usábamos la palma de los palmitos a modo de brocha para señalar con tintas rojas la altura de la piedra sobre la que hacíamos los cortes y el perfilado", rememora Álvarez. En esos años todavía se extraía el granito de la cantera con los barrenos, para luego cortar y dar forma a la piedra usando como medida la cuarta de la mano según el uso que se le quisiera dar desde los tacos de adoquines que tapizan el callejero de esta localidad a los bordillos o umbrales y otros formatos que se usan luego tanto en las calles como en las casas.



En lugares inaccesibles


El picapedrero llega donde la máquina no alcanzan, y en pueblos como Gerena situados sobre abundantes minerales, las obras nuevas encuentran a menudo grandes rocas que dificultan la labor a los albañiles para la cimentación. En estos casos recurren a esta vieja figura de la cantera que profesionales como Francisco Álvarez hijo siguen reivindicando. "Cuando salen piedras grandes tengo que ir a cortárselas para que no estorbe a las máquinas y lo hago a mano en sitios muy inaccesibles", detalla.


El oficio no está exento de peligros, aunque la normativa para la prevención de accidentes reduce hoy los riesgos. "Antiguamente no usábamos protección y tengo las cicatrices de pedradas, me corté el tendón del dedo índice y en alguna ocasión también se me ha clavado el acero en los ojos, pero nada grave", cita Álvarez, consciente de que su trabajo "aunque bien pagado es muy duro" y forma en estos momentos más parte de la historia que del presente de Gerena, como así se explica y exhibe en el Museo del Cantero.

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