Un crucificado de Triana en el cortijo de Los Provinciales

SierraNorte-Castilblanco-SalvacionAguado (1)

El imaginero sevillano Fernando Aguado talló junto al puente de Triana al Cristo de La Salvación a lo largo de 4 años para una casa de retiro del cortijo serrano


JUAN CARLOS ROMERO / PERIODISTA


Las grandes devociones de la imaginería sevillana tienen en el culto privado referencias de primer nivel que a menudo, por su carácter restringido a determinadas familias o congregaciones religiosas, pasan desapercibidas para las masas. Es el caso del último crucificado tallado por el imaginero sevillano Fernando Aguado para la dehesa de Los Provinciales de Castilblanco de los Arroyos, en plena Sierra Morena, que desde finales de 2015 preside el altar del oratorio de una casa de retiro espiritual que regentan las hermanas Benjumea.


El encargo y la advocación que recibe el crucificado guarda una serie de particularidades. La primera nace del encuentro entre estas cuatro hermanas, Silvia, Teresa, Verónica y Casilda, con el imaginero, que se produjo en 2008 por mediación del entonces abad del monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, Clemente Serna. "Recibí el encargo de tallar un crucificado a tamaño natural con el único requisito de que disfrutase de su hechura sin límite de tiempo, lo que me permitió recrearme en un momento en el que mis circunstancias personales no eran las mejores y tenía que recuperarme", relata Fernando Aguado a ABC Provincia.


En un momento en el que el tiempo apremia y lo inmediato se antepone al trabajo sosegado, el imaginero ejecutó su encargo desde su taller junto al puente de Triana en la calle Arjona por más de cuatro años. "Cada momento que dedicaba a la talla sentía que me salvaba de los nubarrones que a nivel personal o profesional nublaban mi día a día", detalla el imaginero, de ahí el nombre de la advocación, el Cristo de la Salvación. A lo largo del proceso, Aguado entabló una relación afectiva con las hermanas Benjumea mientras su particular encargo iba tomando forma.


Buscaban una imagen para un oratorio que fuera próxima a la Semana Santa con la impronta del barroco clásico y reflejase en ella el rostro de la Sábana Santa, atendiendo a la estética cercana al naturalismo de las obras de Aguado. La imagen se talló directamente sobre los bloques de madera de cedro y muestra a Cristo muerto al tamaño natural pero no excesivamente ensangrentado. No hunde la cabeza en el pecho, por contra la tiene ligeramente levantada, explica el imaginero, porque busca el abrazo y esconde un trasfondo litúrgico: "Es una muerte que da vida", abunda.


Los pies se presentan cruzados el izquierdo sobre el derecho, como el Cristo de la Clemencia de Juan Martínez Montañés que atesora la Catedral de Sevilla, fijados con dos clavos al madero. Otros dos clavos fijan por las muñecas a Jesús sobre una cruz plana coronada por el título o INRI escrito en tres lenguas: latín, hebreo y griego, a modo de la reliquia que se conserva en la basílica de la Santa Cruz de Roma.


La conmovedora imagen del Cristo de La Salvación del cortijo de Los Provinciales tiene la corona de espinas tallada sobre la cabeza y en la frente presenta una clavada que da mayor dramatismo a su rostro martirizado. Los rasgos de esta talla han cautivado a miles de personas en el corto período de tiempo que lleva presidiendo este oratorio serrano ideado para el retiro espiritual donde le rezan familias, estudiantes y congregaciones religiosas de la Iglesia como las consagradas o los Legionarios de Cristo.

Comentarios