«La Palomita» de Cantillana, un hada madrina para inmigrantes y refugiados

Asunción Tirado «La Palomita» con la joven saharaui

Asunción Tirado es una institución en un pueblo que este año, por la crisis, no ha podido acoger a ningún saharaui


A escasos metros de la popular Plaza del Llano de Cantillana tiene su sede un hogar de puertas abiertas, una mano amiga y libre de prejuicios siempre dispuesta a atender con agrado y la mejor disposición a quien lo necesita. Asunción Tirado Pueyo, a la que los vecinos llaman cariñosamente «La Palomita», tiene 70 años y es toda una institución por su entrega a los demás.Abuela a tiempocompleto desde su jubilación, cuida de sus nietos y de los hijos de otras vecinas, recoge tapones para las terapias de un menor con necesidades especiales, y tiene en acogida a una joven del Sáhara.


«Me crié en el campo en el cerrado de Miura entre ganado bravo, donde hacían vida mis padres después de la Guerra, y no pude ir a la escuela porque vivía en un entorno rural pero mis padres lucharon mucho para que aprendiese a leer y a escribir en un secadero de tabaco donde pude recibir clases», relata Asunción a ABC Provincia.


Hija de un preso de los canales que cumplió condena tras ser arrestado por su ideología de izquierda durante la Guerra Civil, y de la sirvienta de un comandante, Gonzalo Briones, que intercedió para liberar a su padre, «La Palomita» resta mérito a su vocación de servicio. Dice que hace lo que vio desde edad temprana en casa, donde sus padres con tres hijos acogieron a una prima que quedó huérfana y, libres de tabúes y prejuicios «le ofrecían todo lo que tenían a quien tenía más necesidad que nosotros», cita.




En su marido, «La Palomita» encontró un aliado para hacer el bien, y entre los vecinos recuerdan a la pareja dando portes en un coche para buscar muebles y electrodomésticos que ponían a disposición de inmigrantes que llegaban sin nada a Cantillana. «Mi marido era muy especial, y aunque tuve cuatro hijos siempre ha habido muchos más en casa porque acogíamos a otras personas», explica.


De Croacia llegó una refugiada de guerra o de Cabo Verde una madre y su hija que gracias a su mediación encontraron asilo y futuro. Largo historial de personas desde Cuba al Sáhara que dan cuenta de las acciones deAsunción para ayudarles a encontrar un empleo, encontrar y amueblar un hogar que les dé seguridad y estabilidad, o escolarizar a los menores en nuestra tierra.


La última es Gala, una joven saharaui de 19 años, que se nutre como una más de los valores de confianza y solidaridad sello de la casa. En el expediente de esta vecina reza también su impulso para crear la Escuela de Verano de Cantillana donde las personas jóvenes con estudios superiores dedican parte de su tiempo formando a otros estudiantes de niveles inferiores. Y desde 1995, la fundación de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui con la que apoyan a los campamentos de refugiados en Argelia y participan hace 20 años en el programa de acogida Vacaciones en Paz.


La crisis ha hecho estragos en la comarca y ha tenido consecuencias también para la solidaridad. Este verano no hubo familias cantillaneras para acoger a menores saharauis, algo que entristece a Asunción, que desde la emisora de radio local lanza su mensaje para concienciar a los vecinos. «No cuesta nada poner un plato de más», defiende, aunque comprende que las familias que antes acogían «se lo piensan ahora más al no poder costear los 700 euros que cuesta el avión para traer a los niños».


Esta labor solidaria y altruista en beneficio de niños, hombres y mujeres de otras nacionalidades y su implicación en los movimientos sociales y culturales, ha merecido el reconocimiento del Pleno del Ayuntamiento, que en 2010 la nombró Cantillanera del Año. El mote de «La Palomita», que podría venir de su labor en pro del encuentro y la paz entre las personas con independencia de etnias o credos, lo heredó de un antepasado de su madre al que apodaron «el tío Paloma» por vestir siempre de blanco.

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