Un santuario serrano para el legendario Juan Belmonte

Diego Mateos ha recibido reconocimientos por su vida dedicada a la tauromaquia

Diego Mateos, criado y casado en la finca Gómez Cardeña donde su padre trabajó como mayoral, ha dado forma a un museo en su vivienda con las reliquias del mataor de toros
En ABC

La memoria de Juan Belmonte tiene en Castilblanco de los Arroyos un lugar de culto desconocido para la opinión pública que Diego Mateos, hijo del mayoral de la finca Gómez Cardeña, ha creado tras una vida de entrega al mundo de los toros.

De las paredes de la sala que Mateos ha erigido junto a su hogar cuelgan retratos y reliquias de 16 años en los que su padre trabajó como mayoral de Belmonte. Nacido en Jerez, Mateos echó los dientes como otra treintena de niños en la finca utrerana del Pasmo de Triana, allí conocó a su mujer, Josefina Mulas, hizo su primera comunión y contrajo matrimonio.

"En la finca vivíamos once familias, y por expreso deseo del torero había una maestra que por las mañanas nos daba clase a los niños y por las tardes tres horas para los trabajadores para que aprendiéramos a leer y a escribir", relata Diego Mateos a ABC Provincia. Subraya el compromiso de Belmonte con el bienestar de sus trabajadores, a los que ofrecía un economato con productos de primera necesidad a mitad de precio para que tuvieran satisfechas sus necesidades.

A los quince años, rememora, recibió de manos de Belmonte una de las joyas que luce este "santuario". Se trata de un capote y una muleta que ahora, a punto de cumplir los setenta, Mateos exhibe emocionado mientras relata su historia: "En la tienta, a Belmonte le gustaba que al acabar el mataor saliera algún aficionado para observar la actitud de la becerra, y él siempre me animaba a hacerlo como muletilla pero en esos días otro torero me negó la muleta para tentar, y cuando mi padre me mandó a colocar los capotes y las muletas, se acercó Belmonte al almacén, cogió una de ellas y me la dio diciendo que mientras él estuviera allí no se me iba a negar una", cuenta este veterano.

Apasionado del campo, Mateos vivió entre 1948 y 1964 en la finca de Belmonte. Fue picador y, como su abuelo y su padre, se prodigó como mayoral hasta jubilarse en la finca de Campoamor donde dispensó sus cuidados para las ganaderías y reses bravas de las familias Tena y Aguado.

Las vivencias en Gómez Cardeña las cuenta con la ingenuidad de un niño al que todavía hoy se le empañan los ojos cuando recuerda aquella noche del domingo 8 de abril de 1962. En la finca se preparaban para una novillada que los sobrinos de Belmonte organizaban y el administrador, Carlos Navarro, se había marchado por la tarde a instancias de Belmonte.

Minutos antes de las nueve de la noche, la señora de servicio dio la voz de alerta al mayoral porque el diestro no respondía. "Cuando se quitó la vida de un disparo le faltaban siete días para cumplir los 70 años, y aunque estaba en tratamiento de la próstata, estaba en buenas condiciones y se subía al caballo sin ninguna dificultad", relata Mateos, que abunda en detalles de cómo a Belmonte le encantaba salir al campo a observar al ganado, y pasaba las tardes entre libros "porque era una persona a la que le apasionaba aprender".

Entre los trofeos que Mateos luce está el reconocimiento que la tertulia de Cañada Rosal le entregó por su dedicación a Belmonte y a los toros.

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