La voz de Guillena tiene 76 años y escribe sus memorias

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Isabel Cruz, que lleva quince años en las ondas recomendando libros, no piensa jubilarse


Hace 76 años que la dieron por muerta cuando su tío y padrino, Manuel Bazán, empresario que regentaba una escuela en La Algaba, quiso acceder a la sala donde su hermana había dado a luz y la madrona trató de impedírselo alegando que la bebé había fallecido al nacer. La historia de Isabel Cruz viró desde ese instante a lo largo de casi ocho décadas en un incesante ida y vuelta entre la vida y la muerte, gracias a sus ganas de vivir y a un carisma arrollador que hace de talismán a sus vecinos en Guillena, donde lleva 14 años prodigando su amor a las letras todos los miércoles en la radio local Onda Guillena.


«Todavía hago proyectos a largo plazo porque no me pesan los 76 años, así que me he decidido a escribir mi vida y si se publica algún día seguramente ya no estaré aquí, por eso quiero contar  lo vivido para que sirva a otras mujeres», relata Isabel Cruz a ABC Provincia, y afirma con contundencia: «sé que se puede resurgir como el Ave Fénix».


De ello da buena cuenta la veterana locutora criada por sus tíos, que se vio sola en el deber de sacar adelante a sus cinco hijos. «Estuve de auxiliar de enfermería, de secretaria de anatomía patológica y en un laboratorio como auxiliar técnico, donde me jubilé», cuenta Cruz, que sacó su título ya de mayor para no perder su trabajo.



El primer poema lo plasmó pensando en uno de sus hijos, al que pasó un lustro sin ver durante su periplo en América. «Al recitárselo en el reeencuentro, se fue al baño a llorar de la emoción», rememora esta abuela de ocho nietos, que saca pecho por una de ellas que ha heredado su pasión por las letras:«La mayor es periodista por la Universidad Complutense y ha sacado plaza para el Master de TVE», dice orgullosa.


En la infancia de Isabel Cruz también jugó un papel relevante su abuela, Carmen. «Aunque se crió en el campo mi abuela era muy culta y en los tiempos de la posguerra, como había tanta miseria mi familia no podía comprar libros. Pero ella cada semana intentaba hacerse con un capítulo de las historias del Conde de Montecristo», rememora, «y reunía a las vecinas, la mayoría analfabetas, para hacer una lectura pública de estas historias hasta el punto de que todos esperábamos para seguir las tramas, y así aprendí y me aficioné desde muy pequeña a la lectura», argumenta emocionada.

Maestra en La Algaba


La inquietud de esta maestra, que en los años cincuenta dio clases durante siete años en La Algaba cuando enfermó de tuberculosis la profesora titular, ha sido reconocida en certámenes de poesía y relatos cortos, e incluso de teatro, como intérprete en diversas obras.


A Guillena llegó con el deseo de seguir haciendo cosas, impulsó la creación de la asociación de mujeres y está detrás de muchas de las iniciativas culturales que copan la agenda de la localidad, aunque en la última décadasu voz es la mejor promoción que ha encontrado la biblioteca y el mundo de laliteratura en su comunidad local.


Echando abajo los mitos sobre las personas mayores, se lee un libro cada semana y mantiene una actividad vibrante. «Tengo el compromiso de leer al menos un libro a la semana para poder comentarlo, entrevistar a los autores y contarlo los miércoles en el magacine radiofónico», relata la locutora, que reconoce que lo más gratificante de esta altruista labor es cuando la reconocen por la calle.


«A veces me cuentan que no habían leído nunca y desde que me escuchan cada miércoles están deseando pasar por la biblioteca», dice, y confiesa emocionada:«Otras veces me han dicho que estaban enfermas, y les he servido de ayuda, con eso me quedo», concluye.

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