El Niño Bellotero de la patrona de Guadalcanal se venera en Valverde de Llerena

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La imagen del Niño Jesús de la Virgen de Guaditoca protagonizó una romería y preside el altar mayor de la parroquia de Valverde de Llerena, haciendo confluir devociones de Sevilla y Badajoz


Cuenta la tradición popular que apareció una efigie de la Virgen junto al arroyo de Guaditoca. Al tiempo de levantarla, si los lugareños lo hacían mirando a Extremadura la imagen caía al suelo, y si miraba a Andalucía se erigía en pie ante la sorpresa de la feligresía. La Cruz de la Aparición,una de las que jalonan el camino que conduce a la ermita, ha dejado constancia visible de este suceso. Así como la manera en la que tradicionalmente han venido celebrando los festejos de Guaditoca, revestidos de un fondo de hermanamiento entre las provincias andaluzas y extremeñas.


Durante seis siglos, y hasta 1833, Guadalcanal dependió de Extremadura. Desde finales del siglo XV se documenta el santuario, como atestiguan documentos de la orden santiaguista de Azuaga, Guadalcanal y Reina, y el culto a la advocación de Guaditoca, imagen perdida en la Guerra Civil y sustituida por otra en los años treinta, que sigue gracias al Niño Bellotero siendo un puente entre Badajoz y Sevilla.

A caballo entre la historia y la leyenda que los lugareños han trasmitido de generación en generación se mantiene vivo el pulso entre Extremadura y Andalucía por la devoción a esta advocación mariana donde confluye el sentir de al menos tres localidades: Guadalcanal, Valverde de Llerena y Malcocinado, ligadas a la Orden de Santiago. Prueba de ello es la forma de celebrar que tradicionalmente ha tenido la imagen del Niño Jesús, conocido cariñosamente como Niño Bellotero, que acompaña históricamente a la patrona de Guadalcanal.

Independencia del Niño


El pasaje histórico ha legado estampas particularmente interesantes que hablan del germen de la devoción. Mientras la patrona es trasladada en romería de abril a septiembre desde su ermita serrana a la parroquia de Guadalcanal, el Niño Bellotero lograba  independizarse y emprendía un viaje con otro destino a extrarradio de la provincia: la iglesia de Valverde de Llerena,donde actualmente recibe culto y preside el altar mayor.

Pilar Cerrato, vecina de Valverde de Llerena y conocedora de esta historia precisa a Pasión en Sevilla que esta romería suponía para los valverdeños una unión entre los dos pueblos. El Niño cargaba en sus manos una cesta llena de bellotas como símbolo de la tierra fructífera que comparten. Era llevado por la gente de Valverde en septiembre hasta la Cruz del Aceite donde se prendían lámparas para alumbrar el resto del camino y se cambiaban a los portadores: Guadalcanal alzaba al Niño, y Valverde a la Virgen de Guaditoca.

El párroco de Guadalcanal, Antonio Martín, ya fallecido, quiso atajar el vacío que el traslado del Niño a Valverde de Llerena provocaba en su pueblo. Mandó hacer una réplica de la talla para el templo parroquial de Guadalcanal. Esto generó recelos entre los fieles extremeños. Dio lugar a otro pasaje sorprendente. «El Niño Bellotero tenía un mellizo», cuenta entre risas Pilar Cerrato. Y es que durante las fiestas de la romería había dos niños belloteros en el santuario de Guaditoca.

Retomar la tradición


A la extendida devoción al Niño Bellotero ha contribuido una vecina de Guadalcanal que reside en Valverde, Eloísa Cerrato. «Mientras ella estuvo en el pueblo se le hacía una novena cuando llegaba en abril, pero al mudarse a una residencia nadie quiso hacerse cargo de la devoción», precisa Cloti Sánchez.

Llenar el vacío para un pueblo fue visto como un agravio al otro, y la tradición de los traslados se perdió cuando ambos tuvieron su propia talla. Con el ánimo de rescatar estos rasgos característicos de la identidad de las fiestas de Guaditoca, la hermandad baraja a medio plazo la posibilidad de invitar a Valverde a retomarlo.

Guaditoca tuvo hermandades históricas en los pueblos de Berlanga, Ahillones, Valverde de Llerena y Azuaga, y  Guadalcanal fue sede hasta 1792 de una feria de ganado de tres días a la que acudían ganaderos de 73 pueblos extremeños, algunos  tan alejados como los cacereños Cañaveral o Torremocha.

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