La misteriosa cripta de los benefactores de Gerena


El padre Salguero encontró en 1969 una cripta bajo la Parroquia de la Purísima de Gerena que hoy sigue siendo una fuente de misterios y fábulas en la comarca del Corredor de la Plata.




La iglesia parroquial de la Purísima Concepción domina desde hace siglos sus estribaciones erigida sobre el cerro de Gerena. En las entrañas de este templo de estilo gótico-mudéjar levantado en los siglos XIII-XIV sobre una mezquita se encuentra una cripta que es cuna de misterios y leyendas, engrandecidas durante décadas por la fábula y la invención de los moradores de esta comarca.

Después de cuatro años sirviendo en El Madroño, el cardenal Bueno Monreal encomendó al padre José Salguero en 1968 hacerse cargo de la comunidad parroquial de Gerena. A su llegada, encontró un templo desangelado. Un incendio en el año 1932 había arrasado con el artesonado y con gran parte de las primitivas obras de la imaginería, la retablística, la orfebrería y las pinturas que atesoraba y enriquecía el templo mayor de esta villa.

Las rehabilitaciones que acomete el párroco Salguero a partir de 1969 para rehabilitar el edificio le depararon un hallazgo sorprendente. «En el transcurso de la reforma hubo que hacer unas perforaciones sobre el pavimento rojizo que se colocó en los años cuarenta y fue cuando apareció la cripta en el presbiterio», relata el padre Salguero, natural de Dos Hermanas, que tras 48 años de servicio está a punto de cumplir sus bodas de oro como párroco de Gerena.

«En el transcurso de estas reformas tuve ocasión de bajar», cuenta el sacerdote, «por unas escaleras de acceso hasta una cavidad en el subsuelo que desprende un fuerte olor a humedad donde se encuentran entre cinco y seis cajas con restos humanos».

El pasado romano

Hoy el acceso a este lugar permanece sellado. El misterio de estas cajas sigue pendiente de resolver. Para el párroco, se trata de «los próceres de Gerena», es decir, una serie de personalidades, nadie sabe precisar el número de personas a las que pertenecen dichos restos ni el período en el que llegarían a recibir sepultura en este lugar, que por su estrato social eran merecedores de enterrarse en tan simbólica disposición.

Una lápida que conserva la iglesia y que se extrae del pavimento hace cincuenta años hace una reseña al incendio de 1932 y a la reconstrucción del templo en 1939. En su reverso, una inscripción anterior hace referencia a una familia, los García de Leaniz, que reposaría en la cripta.

Entre las nuevas generaciones hablan de una «cueva», y el párroco reconoce que están fundados los relatos fantasiosos, aunque tienen su explicación histórica. «El pueblo se encuentra sobre un asentamiento romano, y los romanos tenían muy avanzado el sistema de canalizaciones para la evacuación de las aguas residuales, por eso es fácil cuando se levanta el terreno encontrar una serie de pasadizos que no son cuevas ni se crearon con más ambición que la de servir como conducción del agua para el poblado primitivo de la época romana», zanja el párroco.

Los legajos quemados

En las actas de defunción del archivo parroquial el padre José Salguero ha querido hallar respuestas a las incógnitas sobre estos enterramientos. Las referencias son escasas como consecuencia del fuego.

Los esfuerzos han sido estériles, dado que no hay rastro documental que haga referencia a la existencia de la cripta, o a la identidad de las personalidades enterradas bajo el presbiterio. «No hay que descartar que existan otras criptas que permanecen cubiertas por el pavimento actual», concluye el cura.

La intriga continúa a la espera de una investigación que fije en el tiempo y en la memoria lo que entre el imaginario popular y las reseñas históricas ha llegado hasta nuestros días de un templo del período de la reconquista de Sevilla que usó la antigua torre del homenaje de una mezquita para erigirse señero con la ayuda de los almohades (conocedores del trabajo de la piedra y de las canteras) en pleno Corredor de la Plata.

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