Sánchez Badillo, un rebelde en Castilblanco




José Sánchez Badillo, Pepín 'El Sombrerero' para sus vecinos y seres queridos, recibió en 2010 un emotivo reconocimiento a su lucha en Castilblanco de los Arroyos




Hijo de republicanos, y padre de republicanos, José Sánchez Badillo, nació un 14 de marzo de 1917 en Castilblanco de los Arroyos, donde vivió hasta los 97 años como uno de los residentes más admirados y queridos de la residencia geriátrica Vicente Ferrer.

Sufrió en sus carnes los horrores de la guerra, desertó de las filas de los sublevados del general Franco para defender sus ideales, pasó doce largos años en la cárcel aislado de sus seres queridos y tuvo, finalmente, que empezar de cero enfrentando un exilio de 24 años en Alemania, donde verían la luz, y hoy viven, sus dos hijos, Roberto y Paco.

El Sombrerero, como le apodaban sus conocidos por el oficio que hizo popular a su padre, hizo gala de un espíritu de superación a prueba de bombas. Mantenía el pulso por sus ideales y por una vivencia desprovista de la épica de los triunfos bélicos:  dando la batalla al olvido y la voz, su voz, a esas miles de personas que se dejaron la vida cuando, como él mismo, defendían los derechos y las libertades, el orden de la II República en España, ante el golpe de Estado del general Franco, la Guerra Civil y la posterior dictadura.

Una autobiografía que alentó otras notas

Badillo, del bando de los vencidos en la última guerra, veía, sin embargo, una de sus batallas ganadas al publicar su autobiografía. Mis siete vidas, memorias rebeldes es un libro donde se propuso erradicar estereotipos y narrar en primera persona el calvario que padeció por defender la democracia y las libertades.

La Diputación de Sevilla y el Ayuntamiento de Castilblanco editaron este memorial que se agotó enseguida y sirvió de estímulo al nonagenario para que continuase incansable empeñado en dedicar sus días y algunas noches de desvelo para plasmar de su puño y letra sobre el papel todo cuanto su memoria conservaba de aquella etapa a la que había logrado sobrevivir. Así lo hizo desde su hogar en la calle Primero de Mayo, y también desde la Residencia Geriátrica Vicente Ferrer, donde pasó sus últimos días.

Relato sin rencor

No era un escritor de rencores. Aseguraba que el tiempo lo enfriaba todo y ponía a cada cual en su sitio. Relataba pasajes como el momento en que desertó del ejército de los sublevados. «Hermanos, no disparéis, estamos con vosotros, somos cinco desertores», dijo en el Cortijo de Los Chivatiles (Córdoba), al tiempo que se fundía en un abrazo llorando con sus compañeros del Ejército republicano aquella madrugada del 7 de octubre de 1937 que, repetía una tras otra en sus conversaciones, «no olvidaría en la vida».

En el penal veló por dos cosas: mantener la cabeza en su sitio y la capacidad para dejar, una vez que saliese, embarazada a su novia, que paciente esperó años el anhelado encuentro. Su lucha obtuvo varios reconocimientos, entre ellos un diploma de la Junta de Andalucía que, lejos de entusiasmarle, le hizo sentirse defraudado.

Cantes de El Cabrero como tributo

Badillo recordaba que mientras Manuel Chaves procedía a la imposición de la Medalla de Andalucía a la duquesa de Alba en un acto con todos los honores, el diploma con el que pretendían honrar su sacrificio y el de sus iguales se lo habían hecho llegar como un mero trámite por correo postal.

Él los honores también los recibía en su pueblo, donde el 20 de marzo de 2010, el grupo Nueva Izquierda Verde Andaluza le rindió un emotivo tributo en el marco de un acto por la memoria histórica en el que participó el diputado andaluz y alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, el cantaor de flamenco, José Domínguez El Cabrero y el exalcalde, Manuel Ruiz Lucas, además de centenares de personas llegadas de diferentes puntos de la geografía española, de donde Badillo recibía habitualmente cartas de agradecimiento y admiración.

Duelo republicano, sin campanas

Con sus siete vidas de rebelde a las espaldas, el 9 de abril de 2014 despedía la octava, y fallecía a los 97 años, coincidiendo con la visita de uno de sus hijos. «Se ha ido un gran amigo, uno de los últimos republicanos en la provincia», explicó Ruiz Lucas, dolido por la pérdida. Coherente con su trayectoria vital, fue despedido en la sede de NIVA-IU de Castilblanco, entre lectura de poemas, aplausos y cantes de sus seres queridos. Como Badillo dispuso antes del final, su entierro fue sin campanas, sin Iglesia. Y su ataúd lo cubría la bandera republicana. En su lápida solo una cita: José Sánchez Badillo, republicano que luchó por la democracia y la libertad.

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