Puente del Viar, 545 años del pueblo de Sevilla que no llegó a ser


En diciembre de hace 545 años emergía un nuevo asentamiento orillado junto al Río Viar entre las poblaciones de El Pedroso, Cantillana y Castilblanco de los Arroyos que no llegó a prosperar.




El 12 de diciembre de 1472 el Concejo de Sevilla hacía una serie de concesiones a cuatro familias para la fundación de un poblado en el valle del Río Viar, en uno de los dos caminos que conectaban Sevilla con Castilblanco a través de Extremadura.

Al calor de un puente nuevo, y en el margen derecho del mismo, en una zona próxima a donde hoy se levanta el dique del embalse de Los Melonares que abastece al área metropolitana de Sevilla, la autoridad sevillana daba el visto bueno al asentamiento pero ponía entre sus condiciones que sus moradores llegasen de otros territorios. El propósito último era evitar la despoblación de las tierras ganadas a los pobladores musulmanes en el proceso de conquista de Sevilla.

El fuerte de Montegil


Las primeras referencias sobre la fundación de Puente del Viar junto al puente nuevo de tres ojos que en 1417 se había mandado hacer cerca de la fortaleza de Montegil -al Sur de El Pedroso y al Norte de Cantillana- se remontan al año 1471.

El cruce de caminos goza de gran popularidad, próximo al área donde hoy se asienta la popular ermita de San Benito Abad, donde peregrinan a lo largo del año miles de devotos de las poblaciones de alrededor en la Sierra Morena de Sevilla y La Vega del Guadalquivir.

El primer asentamiento concedido en estos términos fue sin embargo un intento frustrado pese a localizarse al calor de una vía emergente, relevante para las comunicaciones entre el Sur y el Norte peninsular en la Edad Media. De hecho se documenta el cobro de «las rodas» para hacer frente al mantenimiento y a la conservación de estos puentes.

Colonos extremeños


En varias cartas, se pone en conocimiento de las autoridades la iniciativa de un grupo de familias procedentes de lugares diversos de Extremadura como Valverde de Llerena, Plasencia y Puebla de Sancho Pérez, de asentarse junto al puente y obtener como beneficio los 10 años de exenciones desde la construcción de su vivienda y dos aranzadas de viñas con los que el Reino de Sevilla respaldaba a sus colonos.

La experiencia no debió resultar. El vacío documental posterior a las concesiones deja entrever que este núcleo de población en la zona dominada por los ríos Viar, Cala y Huesna en la Sierra Morena sevillana no llegó a consolidarse, pese a la autorización de ciertos privilegios para posibilitar su desarrollo. Debió afectar en este frustrado intento de asentarse el enfrentamiento que libraban en estos años el Duque de Medina Sidonia y el Marqués de Cádiz en su disputa por Alanís.


Un SOS al Concejo de Sevilla


En 1477 los legajos documentales recuperan las noticias sobre Puente del Viar, debido a las quejas de algunos de sus moradores que demandan al Concejo de Sevilla ayuda y amparo para subsistir dada la tardanza del procedimiento con el que pretendían asignarles la extensión de tierras del que que debía ser su término.

La incertidumbre de estos vecinos era natural. Las familias que buscaban habitar el territorio no tenían certezas de los terrenos que quedaban finalmente a su disposición, ni donde podían alimentar a su ganado o mantener sus cultivos. Estaban, además, acosados por la población de otros pueblos.

El cabildo ordena entonces a los concejales Fernando de Abréu y Fernando de Medina a que acudan al lugar para identificar a las personas que allí habitan, así como sus necesidades de seguridad. Los movimientos en Puente del Viar entre 1477 y 1478 acabaron de levantar suspicacias en las poblaciones consolidadas en la zona como El Pedroso y Castilblanco.

Pugna por la recaudación 


De la pugna por los terrenos dan buena cuenta el intercambio de cartas remitidas por el concejo y vecinos de Castilblanco donde criticaban a los regidores sevillanos por su empuje para poblar dicho enclave y veían con recelo las intenciones de Puente del Viar de que se señalizase y amojonase un espacio para su constitución. Los roces fueron «in crescendo».

En junio de 1478 el Concejo de Castilblanco denuncia el perjuicio causado como consecuencia de la fundación de Puente del Viar al ser privados, cita el documento, «de muy grande parte de nuestro término». Los caminantes se negaban desde entonces a abonar «la roda» en Castilblanco, lo que suponía un perjuicio en los tributos del municipio.

En contra del asentamiento jugaba el hecho de estar adscrito administrativamente a Castilblanco, que no estaba por la labor de que el enclave emergente prosperase. Al cabildo de Sevilla dan cuenta de los ataques de vecinos de El Pedroso al ganado de los habitantes de este poblado, entre otros agravios a los que eran sometidos por ejemplo con el reparto de tributos, de los que estaban en teoría exentos por las franquezas.

Hostigados, los habitantes abandonaron definitivamente la zona, siendo Puente del Viar la historia de un poblado sevillano que no fue, fundado hace 545 años.

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